Shriveled Hands, Shriveled HeartsAnother time Jesus went into the synagogue, and a man with a shriveled hand was there. 2 Some of them were looking for a reason to accuse Jesus, so they watched him closely to see if he would heal him on the Sabbath. 3 Jesus said to the man with the shriveled hand, “Stand up in front of everyone.” The man with the shriveled hand knew he was broken and needed help. The Pharisees, with their shriveled hearts, couldn't see their own need. Pride blinds us to our brokenness, making us focus on others' failures while ignoring our own spiritual poverty. Jesus was angry not at people who struggled, but at religious leaders who valued rules over restoration. Which person are you today? The one honest about your need, or the one watching others critically? True healing begins when we acknowledge our brokenness before Jesus. He doesn't ask you to fix yourself first—He simply says, "Stretch out your hand." Trust Him with what you cannot change. What brokenness have you been hiding? Will you stretch it out to Jesus today? Español
Manos secas, corazones secosEn otra ocasión entró en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. 2 Algunos que buscaban un motivo para acusar a Jesús no le quitaban la vista de encima para ver si sanaba al enfermo en sábado. 3 Entonces Jesús le dijo al hombre de la mano paralizada: —Ponte de pie frente a todos. Lectura: Marcos 3:1-6 El hombre de la mano seca sabía que estaba quebrantado y necesitaba ayuda. Los fariseos, con sus corazones secos, no podían ver su propia necesidad. El orgullo nos ciega ante nuestro propio quebrantamiento, haciendo que nos enfoquemos en los fracasos de los demás mientras ignoramos nuestra propia pobreza espiritual. Jesús no se enojó con las personas que luchaban, sino con los líderes religiosos que valoraban las reglas por encima de la restauración. ¿Cuál de los dos personajes eres hoy? ¿El que es honesto acerca de su necesidad, o el que observa a los demás con ojo crítico? La verdadera sanidad comienza cuando reconocemos nuestro quebrantamiento ante Jesús. Él no te pide que te arregles primero; simplemente te dice: «Extiende tu mano». Confíale aquello que no puedes cambiar. ¿Qué quebrantamiento has estado ocultando? ¿Se lo extenderás a Jesús hoy? |